La amistad convertida en hermandad.
No sabría como empezar hablar sobre ella, así que iniciaré con el simple “ella es”; ella es simplemente de las mejores cosas que me han pasado en la vida, es una de las razones por las cuales sigo creyendo en que todo tiene una razón, por ella creo que después de cada tormenta sale el sol, y en éste caso, ella fue mi sol.
Con tan solo verla a los ojos comprendo la confianza y creo en la amistad, en la hermandad, en la honestidad de las palabras y en la pureza de la mirada. Ella me ha enseñado muchas cosas y se preocupa por entenderme como nadie más, con tan solo una mirada me hace sentir comprendida, me hace sentir afortunada de tenerla conmigo.
Sin duda, ella es la mejor persona que he conocido, de las pocas que en poco se hizo de mi familia, de las pocas que logran saber absolutamente todo de mi, que me conocen de cerca y que no me causa importancia el mostrarme tal como soy, por que sé que ella me aceptará así.
Al mirarla veo una hermana, veo mi sangre, mi confianza, mi imagen reflejada tal y como es, sin tapones, sin mentiras, la amistad pura se asoma en sus pupilas. Al hablar con ella las palabras fluyen solas, no hay necesidad de pensar las cosas, el entendimiento es inevitable y podríamos hablar mares en tan solo una mirada.
Sé que algunos les causará gracia lo que escribo, pero lamento decirles a ustedes, que esos que ríen son aquellos que no han tenido la dicha de conocer a alguien así, que no han tenido la oportunidad de observar y admirar de cerca la amistad pura en su máxima expresión. Lo lamento por ustedes.
Desde otros ojos no se comprenderían tan bien nuestras carcajadas, pero si bien fijan la mirada, comprenderían que no es necesario tener la misma sangre para sentirse de la misma, comprenderían aquella amistad tan inverosímil, que puede entenderse tanto como desconocerse.
En realidad me quedo sin palabras para poder describir el orgullo que siento al mirarnos juntas a través del tiempo, siempre hermanas, con el diploma de amistad pura en alto, sin disgustos, sin competencias, simplemente risas y tristezas trabajadas.
Celina, te agradezco completamente todo lo que has hecho por mí, no dudes jamás que yo daría hasta el alma por ti, y no será hasta que el sueño profundo del destino nos separen de cuerpo, porque en el espíritu, siempre estaremos unidas.
Te amo infinitamente.
